El "Feinmann bueno" también es mitrista
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El "mitromarxismo" o mitrismo a secas que aún aqueja a ciertos sectores de la "izquierda peronista" (aunque José Pablo Feinmann ya no se reivindique ni peronista ni de izquierda) está presente en el texto sobre la Revolución de Mayo que el ex director de la revista "Envido" publica en "Página 12" del día de la fecha. (Ver: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-144108-2010-04-18.html).
Asusta pensar que con este tipo de númenes el movimiento nacional ("las buenas personas", en el lenguaje ingenuo de Feinmann) no puede avanzar sino rumbo al desastre.
Ignoramos si el objeto conciente de nuestro filósofo es desprestigiar al pensamiento revolucionario de los últimos doscientos años, pero sus críticas a Moreno y al jefe de la Revolución Rusa -dignas de un Federico Ibarguren posmoderno- se encaminan directamente en ese sentido. Lo mismo que su "elogio" de Bolívar y San Martín, del cual ambos Libertadores emergen como despistados instrumentos de la sutil inteligencia británica.
Para llevar a cabo su cometido, Feinmann se basa en incontables inexactitudes o en ocultamientos deliberados, como por ejemplo el de omitir los párrafos más valiosos del "Plan de Operaciones", aquellos que marcan el camino de una concepción económica nacional opuesta al "laissez faire" con el que Cisneros había "destruido la felicidad pública" dando "franquicias al comercio libre con los ingleses", o aquellos otros destinados a propulsar la expansión americana de la revolución, una "política de patria grande" en el lenguaje de Jauretche, apoyando a caudillos como Artigas en la insurrección de Río Grande do Sul.
El destacado polígrafo que - a la mejor manera de Sábato- viene tratando de mostrar obcecadamente sólo la "cara oscura" de Perón, intenta aquí hacer lo propio con Moreno, Lenin y otros revolucionarios, y para hacerlo se basa en un furibundo gorila, "trotskysta" y asesor de empresas, como Milcíades Peña, cuya "Historia Argentina" en varios tomos hoy puede considerarse indiscutible precursora del discepoliano "todo es igual, nada es mejor" que carcome a buena parte del pensamiento historiográfico argentino presente.
Tal cual su inveterada costumbre, Feinmann discute en esta página -sin mencionarla en lo más mínimo- con la corriente historiográfica de la izquierda nacional, verdadero enemigo encubierto contra el que viene luchando, sin perjuicio de plagiarlo cuando le conviene, desde hace años. Para hacerlo con menos probabilidades de fracaso debería tratar de informarse con mayor rigurosidad. Cuando habla de "la mera, individual Junta de Mayo", por ejemplo, evidencia desconocer la indubitable conexión de la revolución rioplatense con las de las otras secciones americanas, lo que le da una perspectiva totalmente sesgada y parcial a su visión. En otra parte señala que no había masas para luchar por un ideario nacional revolucionario ("la Junta de Mayo nunca fue popular") pero sí las había para luchar contra España, es decir a favor de la estrategia de Inglaterra. Y pese a que afecta no desmerecer la grandeza de San Martín sus párrafos finales lo empequeñecen de tal manera que lo ponen a la altura de un Rivadavia enano. Lo que ya es decir.
José Pablo Feinmann se alejó del peronismo en el ‘83 (junto a Alvaro Abós, Alcira Argumedo y otros intelectuales) porque no soportaba el estilo grasa de Herminio Iglesias. De su interminable "Historia del Peronismo" publicada por "Página 12", Lanusse surge como un gran demócrata y Perón como una bestia sedienta de sangre. Olvida, por ejemplo, durante qué gobierno ocurrió la masacre de Trelew. Tiene la habilidad de mantenerse estratégicamente en la frontera entre el peronismo blanco y el progresismo de izquierda de similar pigmentación. Por eso nunca careció de medios a su alcance para hacer oír su voz.
Hoy "Feinmann el bueno" -en oposición al "Feimann malo" que anida en "C5N"- se muestra complaciente con el gobierno de los Kirchner: su personal óptica sobre la historia nacional nos hace dudar de que tal respaldo perdure.
Juan Carlos Jara